Gema Gallardo, periodista de Diario Uno, entrevistó a Mario Pardini en las oficinas de Ave Wines. No te pierdas la nota donde habla de su vida y sus pasiones.
Mario Pardini es italiano y se desempeñaba en Londres. Desde 2005, con su mejor amigo decidieron invertir en viñedos mendocinos y elaborar su vino.
Mario Pardini nació en Italia e hizo una carrera en la banca privada de Londres para finalmente cumplir un sueño en Mendoza.
Y es que sin saber de vino pero sí de negocios, junto con su amigo de la infancia Iacopo Di Bugno decidieron invertir en viñedos y comenzar a elaborar sus propios vinos en estas tierras.
Así, en 2005 le dieron forma a Ave (Italian Winemakers in the New World), el primer proyecto vitivinícola de filosofía y estilo italiano en el país. Con 40 hectáreas de viñedos en Perdriel, cuenta con el aval del destacado enólogo Alberto Antonini y una consigna clara: crecer sin perder la esencia.
Pardini reparte sus días entre su Toscana natal, donde tiene un negocio inmobiliario con su padre, y nuestra provincia. Aquí, dialogó con Diario UNO sobre su vida y su principal proyecto: la bodega.
¿Cuál fue el primer contacto con Mendoza?
–En 2004 yo trabajaba en un banco de Londres, pero como siempre me gustó hacer cortometrajes y mi amigo Iacopo tenía que venir a hacer algunas filmaciones a esta provincia, me pidió que le oficiara de camarógrafo. Era una entrevista a Antonini, justamente… Así empezamos a conocer lo que estaba pasando acá a nivel vitivinícola. Después volví a Londres y dejé mi trabajo en el banco. En 2005 vine a recorrer fincas. Tenía la idea muy clara de lo que queríamos y que aspirábamos a una bodega boutique. Siempre apuntamos a un terreno en Perdriel. Y la verdad, la suerte fue algo fundamental en este proyecto, porque fue una suerte venir acá, una casualidad viajar por otras motivaciones y terminar haciendo esto. Vi muchísimas fincas en el inicio hasta que me decidí por la que adquirimos, que en definitiva fue la primera que visité.
–Dejar tu trabajo e invertir todos los ahorros en este proyecto, ¿fue una decisión difícil?
–Hoy, después de varios años, siento que fue todo fácil. Pero en realidad no fue nada fácil. La elección de dejar mi trabajo no fue sencilla porque era un buen trabajo y estaba bien remunerado. Llevaba tres años en un banco privado y estaba avanzando rápidamente, creo que podría haber tenido un buen futuro, pero decidí apostar a esto.
–¿Y tu familia a qué se dedica?
–Tienen emprendimientos inmobiliarios. Cuando estoy en Italia lo ayudo a mi padre en este trabajo. Pero aquí nuestro proyecto sigue creciendo y ahora hemos comprado otra finca.
–Es decir, dentro de poco dejarán de ser una bodega boutique…
–La filosofía es trabajar solamente con uvas nuestras, no compramos. Entonces, ahora estamos haciendo lo máximo que podemos con lo que tenemos. Por eso, pensamos en comprar. Además, la idea es poder permitirnos hacer cortes Malbec pero de otro terroir. Porque siempre la pregunta es: ¿cuál es el mejor amigo del Malbec? Y la respuesta siempre es la misma: el Malbec pero de otro lugar. Al tener un terroir distinto tiene características distintas.
–Trabajando en la empresa familiar en Italia y teniendo una empresa aquí, ¿cómo repartís tu tiempo entre América y Europa?
–Al principio del proyecto pasaba la mayor parte del tiempo en Mendoza. El 100% del tiempo estuve aquí. Ahora hay que viajar mucho para vender el vino, porque hacerlo bueno es fácil, pero es más difícil venderlo. Entonces, hay que viajar mucho. Así, es raro que con Iacopo estemos los dos en Mendoza. Nos quedamos tres meses mínimo cada uno, así que estamos presentes la mitad del año y el resto se encarga nuestro equipo, que es gente de mucha confianza.
–¿En qué parte de Italia vivís?
–En Lucca, Toscana. Una parte de la ciudad está encerrada por murallas del Renacimiento y yo vivo del lado de adentro.
–Los mercados en el extranjero, ¿lo abren entre los dos o alguno tiene esta labor encomendada?
–Lo hacemos entre los dos. Al principios íbamos juntos, ahora cada uno viaja por su lado así podemos doblar el esfuerzo. Pero también estamos muy contentos por cómo está funcionando el producto en el mercado argentino, que sólo se encuentra en Buenos Aires, Córdoba y aquí.
–Cuando llegaste al país, ¿hablabas español?
–No, aprendí aquí (Risas). Siempre fue fácil entenderlo al español, pero difícil de hablarlo. Pero después de unas semanas lo entendía bastante bien. Aunque tuve que tener cuidado porque algunas palabras que se pronuncian igual que en italiano no significan lo mismo.

